Mallorca, mucho más que sol y playa
El suave clima mediterráneo y la belleza de sus paisajes convierten a Mallorca en un destino ideal tanto en invierno como en verano. La mejor manera de desplazarse y conocer sus distintos enclaves es mediante un coche de alquiler.
Puedes comenzar por la capital, Palma, y su imponente catedral gótica, con pinceladas de Gaudí y Barceló. Si visitas la isla en Semana Santa, podrás ver el Via Crucis que se representa en sus escaleras. Enfrente encontrarás el Palacio de la Almudaina, huella de su pasado árabe. A su alrededor, te esperan majestuosos palacetes con preciosos patios; entre ellos, el Palau March, cuya colección acoge obras de Chillida, Moore y Rodin. En Es Baluard podrás continuar admirando obras de arte y, ya de paso, hacer algunas compras por la calle Jaime III y el Borne. El 20 de septiembre es una fecha especial, durante la Nit de l’Art, todas las galerías y museos abren sus puertas de noche. Ese mismo mes se celebra el encuentro de gigantes y cabezudos en la plaza del ayuntamiento.
Visita obligada es el castillo medieval de Bellver con su forma redonda y sus fantásticas vistas de Palma y la bahía. Tras callejear por la ciudad, te vendrá bien un chapuzón en algún punto de la extensísima playa de Palma. Si buscas marcha, la zona de El Arenal es el punto preferido de los jóvenes. En dirección opuesta, a unos 20 minutos, tienes Puerto Portals, donde se da cita la crème de la crème. A unos 12 km de allí, encontrarás el nuevo puerto para yates diseñado por Philippe Starck, Port Adriano.
Elige tu ruta y ponte en marcha en tu coche de alquiler
En tu viaje no puede faltar alguna ruta por la costa oeste y la Serra Tramuntana. Te aguardan en esta zona Andratx ―rodeada de naranjos y almendros― y su puerto; Banyalbufar, con una calita al resguardo de un acantilado del que surge un chorro de agua; Valldemossa, con su cartuja y su puerto (Sa Marina) o la aldea de Deià, encaramada a un barranco. Desde su deslumbrante cala se puede llegar andando a Es Canyaret, cuya arcilla se utiliza para baños de barro. En verano se celebran en esta zona el Festival Internacional de Música de Deià y el de Chopin de Valldemossa.
En Sóller, más al norte, hay que ver Can Prunera, edificio de Art Nouveau con obras de artistas como Gauguin, Toulouse-Lautrec o Warhol, y la Casa de la Luna, del siglo XV. Puedes parar en Fornalutx y la aldea de Biniaraix, antes de dirigirte a la espectacular cala de Sa Calobra, oculta tras una oquedad entre acantilados, en la paradisíaca desembocadura del Torrent de Pareis. En Pollença, con sus calles empedradas y su puente romano, tiene lugar la mayor feria de vino de la isla. Tanto en Sóller como en Pollensa se celebran, además, unas coloridas batallas de moros y cristianos. Muy cerca también destaca el monasterio de Lluc.
Desde el puerto de Pollensa al cabo de Formentor hay un bello recorrido y cerca su playa de arena fina. Puedes seguir en dirección a Alcúdia, para ver sus ruinas romanas y, tras un alto en su puerto, poner rumbo a Artà. Capdepera, con su impresionante muralla y castillo, bien merece una visita, así como las Cuevas del Drach en Porto Cristo y los pueblos pesqueros de Puerto Colom y Cala Figuera en Santanyí.
Para adentrarte en la Mallorca tradicional acércate a Els Calderers, finca en el centro de la isla que conserva herrerías, lavanderías, hornos y corrales de época, ¡y con su propia sobrasada!
Calas y playas que no puedes perderte son Cala Torta, Cala Mesquida, Cala Mondragó, Caló des Moro, Es Caragol, Cala Varques, Es Trenc y Ses Salines.