Barcelona es, ante todo, una ciudad cosmopolita llena de contrastes, y su corazón es, sin lugar a dudas, la Plaza Cataluña (Plaça Catalunya en catalán). A un paso encontrarás las Ramblas, siempre repleta de músicos callejeros. Si bien en una de sus aceras se levanta el Gran Teatro del Liceo, para los amantes del ballet y la ópera, otra parada obligada es el mercado de La Boquería, lleno de colores y aromas, donde es difícil resistirse a comprar algún fuet o queso típico de la zona. Al final de las Ramblas, tras la Estatua de Colón, te aguarda el mar y la remodelada zona del puerto convertida en paseo marítimo.
A un lado de las Ramblas tienes el barrio Gótico o Barri Gotic, donde se alza la catedral, con un bello jardín en el claustro. Piérdete por entre sus callejuelas hasta dar con alguno de los comercios más antiguos de la ciudad. En esta zona tienen lugar, además, la mayoría de los eventos históricos. Durante las fiestas de la Mercé en septiembre, por ejemplo, se celebra una increíble competición de torres humanas o castellers en la Plaça de Sant Jaume. También merece la pena visitar el Museo de la Ciudad, sobre todos sus subterráneos, en la Plaça del Rei.
El Born es otro de los barrios típicos que no puedes dejar de ver. Moderno a la par que antiguo, en él conviven artesanos y jóvenes diseñadores. Déjate sorprender tanto por dentro como por fuera por el Palau de la Música, uno de los monumentos más representativos del modernismo catalán, y el Museo Picasso. El Paseo del Born es, además, la zona de moda para saborear la nueva cocina catalana o tomar una copa por la noche.
El barrio con más solera es Gracia. Sus edificios modernistas se alternan con restaurantes de todo el mundo y cines en versión original. El broche de oro lo pone, sin duda, el Paseo de Gracia, la zona comercial más lujosa, con monumentos tan significativos como La Pedrera y la Casa Batlló.